Hechicería y amarres replanteados 2
La Osa Mayor, los Grigori y los Herreros
En el Ritual de Apertura de la Boca del difunto, que se llevaba a cabo para permitir que su espíritu cobrara vida en el Duat o Inframundo, los sacerdotes emulaban el procedimiento por el cual Horus “Abrió la Boca” o reanimó a su padre Osiris, con el Ur-Hekau, un instrumento semejante a una hachuela con la forma de la constelación de la Osa Mayor, hecha de hierro –metal que era considerado el material de los Huesos de Tifón o Set, según Manetón y Plutarco –algo que Wallis-Budge ratifica. No puedo evitar preguntarme si en alguna parte del mito de Set se le relaciona con la herrería.
La Osa Mayor es llamada en Escocia y las Islas Británicas el Arado, aunque a veces es denominada el Gran Carro, (the Great Wain), en el sentido de un carro descubierto de carga, del tipo utilizado para transportar paja o cosechas. Sin embargo, la estrella polar es ‘the Great Nowl’ –algo que puede ser tomado literalmente como el Gran Eje o Centro, pues es el eje del planisferio celeste – sin embargo, Nowl también significa ‘Cabeza’, y Polaris es llamada a veces ‘Spinner’s Nowl’ o ‘Cabeza de la Hilandera’, ya que la constelación representa en este caso a la Madre que hila los destinos desde el centro del cosmos. Dicho sea de paso, es más que probable que sean las siete estrellas sobre la Luna mencionadas por Roy Bowers.
Ahora bien, Polaris no fue siempre la estrella polar; debido a la precesión de los equinoccios, hace alrededor de cinco mil años era otra la constelación que ocupaba la posición que ahora tiene la Osa Mayor: Draconis. Hasta que me percaté de esto, pude comprender un sentido aun más profundo en las palabras de Andrew Chumbley, quien observó la importancia de esta constelación, aun si pasó por alto este hecho:
“Fue en Egipto que el rol del Culto Estelar alcanzó una apoteosis en la historia registrada; conforme el hombre miraba hacia los cielos allí giraba el Gran Dragón en torno al cenit, señalando el año y trazando el antiguo círculo en el firmamento de Nu.
“De allí recuerda los Dracontiae –los círculos de piedra que marcan las encrucijadas de ocultas y secretas sendas de fuerza dentro de la tierra, reflejando la red de las alturas alumbradas de estrellas; recuerda la Senda Tortuosa que cruza la isla sagrada de Albión y se extiende a través de todos los territorios de la Tierra - ¡dondequiera que sobre el lomo de la Serpiente sea puesta la Pisada de la Bruja!”
Lo que resulta impactante… ¡pero! Cuidado con que en verdad creamos que esto lo pensaban los egipcios. Aunque Chumbley hizo una búsqueda sui generis por el rescate de la esencia de la Brujería Tradicional, lo hizo de manera completamente heterodoxa, y no se lo pensaba dos veces para envolver sus conceptos en imaginería qabalística o de mil fuentes más. Chumbley era un místico, no un historiador, y en sus obras podemos buscar verdades conceptuales, mas no necesariamente hechos concretos. Por eso mismo fue capaz de discernir como nadie el sentido esotérico de la Hechicería y los ‘Amarres’.
Porque, aunque esotéricamente hablando, suene impactante el párrafo citado, el hecho es que los egipcios no conocían la constelación de Draconis… ¡sus estrellas pertenecían a la constelación de la Diosa Hipopótamo!
Esto no aminora el valor del comentario poético de Chumbley… su valor místico, o esotérico (palabra que estoy utilizando ahora a falta de otra mejor a pesar de mi recelo a su mal uso sistemático). Y su perspectiva puede ser perfectamente acertada –mas únicamente entre los pueblos que utilizaban, como nosotros, el calendario mesopotámico, el cual únicamente llegó a Egipto alrededor del año 51 a.C., fecha en que fue creado el famoso Zodiaco de Denderah… éste ha sido tomado erróneamente como representativo de la cosmología egipcia original, y ha dado pie a desvaríos de arqueología-ficción como La Conexión de Sirio de Murry Hope o las fantasías de Robert Bauval y Rodolfo Benavides que quieren ver en las pirámides el cinturón de Orión y en la Esfinge una representación de unas eras zodiacales que los egipcios jamás oyeron mencionar.
Sin embargo, los cultos estelares o sabeanos efectivamente alcanzaron su cumbre en Egipto y en Mesopotamia, de manera casi paralela e independiente, y esotéricamente hablando, Egipto se corresponde con la transición de los cultos estelares y estelo-lunares a los cultos lunares, luni-solares y solares, como indica la cosmología thelémica y Kenneth Grant y otros han planteado a fondo desde sus perspectivas muy particulares –y Rodolfo Benavides no deja de ser discípulo de un thelemita que aprendió directamente de Crowley... aunque también supo improvisar un sinfín de “hechos”. Sólo, como dije, no confundamos la historia con los simbolismos, algo que he intentado enfatizar de varias maneras. La información académica siempre enriquece una enseñanza… pero hay que tener presente que, cuando ésta es desmentida por los hechos, lo que cae es la forma, no el fondo; si la doctrina se tambalea por un replanteamiento, entonces estaba mal desde sus fundamentos; si se sostiene, es porque no necesita una legitimación forzada.
Volviendo a Chumbley, la constelación de Draconis es en efecto importante en la Brujería Tradicional, pues me pregunto si se relaciona en algún momento con la Reina Dragón o Serpiente de la Stregoneria, así como la estrella Sirio es sagrada para la raza de los Grigori, Vigilantes o Guardianes (Sirio también simboliza al Lobo, no olvidemos que es en forma de lobo o de algún otro animal –la bestia Fetch o Puckrel- que podemos comunicarnos también con los Grigori, y la estrella Sirio está ligada con este proceso en la Stregoneria).
Uno de los Grigori, Azazel –según algunas versiones- o Settiano –según otras-, enseñó los secretos de la magia y la metalurgia a los seres humanos, por lo que a veces se identifica con el propio Lucifer. En su carácter de Herrero cósmico, Azazel – Settiano es equivalente a Tubal-Caín y como hemos visto, posiblemente a Set. Y no creo que sea casual que la mayoría de las deidades y entidades que convergen en el hierro y la herrería –Lucifer, Tubal-Caín, Azazel, Set, quizá Tezcatlipoca por otras analogías, y no me extrañaría si Loki tuviese algún vínculo similar- hayan sido en su momento satanizadas y diabolizadas por la cultura predominante. Pero este será tema para otra ocasión.
Fuentes:
“Fetiche” (definición) en elcastellano.org
ABBADIE, Luis G. Códice Otarolense. Euterpe, 2002
CHUMBLEY, Andrew D. “Sabiduría para la nueva carne” (Starfire Vol.1 Nº5)
CHUMBLEY, Andrew D. “Hekas” (The Cauldron No.74)
GRANT, Kenneth. The Magickal Revival.
LELAND, Charles G. Etruscan-Roman Remains in Popular Tradition, 1892
LULL, José. La astronomía en el antiguo Egipto. Universitat de València, 2004
RIPEL, Frank G. I Libri Proibiti. Hermes Edizioni, 1997
SIMON. The Gates of the Necronomicon. Avon, 2006 (sí, ya sé, pero me parece rescatable lo que cito más arriba)