Nombres y palabras      
              Conceptos y elementos de Paganismo y Brujería   

 

 

II. El origen divino de un nombre diabólico

 

 

El bajo escocés Divell, el inglés medio Devel, el inglés antiguo Dēofol, variantes teutónicas como Teufel, Diuval, Djofull, Djevful, Duyvel, el castellano Diablo, el italiano Diavolo, muchas veces se dice que provienen del latín Diábolus, a su vez derivado del griego tardío Diabolos, que significaría “calumniador”. Pero, si acudimos al significado real de la palabra griega, encontramos que “calumniar” es diaballein: dia-, a través + ballein, arrojar. Una composición extraña, como mínimo.

Pero la palabra no se origina allí.

Al traducir los textos del Antiguo Testamento al griego, los judíos egipcios del siglo III a.E. sustituyeron el griego Diabolos por el hebreo Satán, el ser angélico cuya función era poner a prueba a los humanos, e en un principio no era visto como intrínsecamente maligno, como sucedió al utilizarse la adaptación griega Satanas en el Nuevo Testamento. Pero Devil/Djofull/Divell, la palabra mencionada con todas sus variantes, no tiene por qué haberse derivado de “diabolos”.

No es ningún secreto que la figura humana con cuernos de chivo fue adoptada por el Cristianismo para representar a Satán luego de algunos siglos de existencia de éste; así pues, no debería extrañarnos que un nombre o título de este Dios que, de pasada, sonaba más o menos similar a una palabra griega ofensiva, haya sido adoptado para aplicárselo a este nuevo Satán de disfraz cornudo. No sería la primera vez: Belcebú no es sino Baal-Zebul, que significa literalmente “el Señor Príncipe” y es una deidad caldea, de ninguna manera un demonio; pero la Biblia lo tuerce y lo convierte en tal, con un hábil cambio de letras que lo convierte en “Señor de las Moscas”. Lo mismo sucede con Belial, que al parecer es Bel-ya'al, Señor de las Riquezas, o o Bel-ya'el, Señor de las Cabras –un Dios de la prosperidad o bien un Dios de los pastores. La misma palabra Demonio, como es bien sabido, proviene del griego Daemon o Daimon, que no es sino el equivalente helénico del Fetch, doble o espíritu inmortal del ser humano en el folklore europeo.

Pero, si este no fuera el origen de la palabra; si diversos brujos europeos utilizaban alguna variante de Devil para referirse a una deidad de origen pagano y por completo independiente de la doctrina y cosmovisión cristianas, ¿entonces cuál es el origen de este nombre? Esto parece haberlo resuelto Grimm, en su Deutsche Mythologie que, aun cuando desconozco, he encontrado citada en varios sitios.

El primero en utilizar una forma de la palabra “Diablo” aplicada a una entidad “maligna” fue Zoroastro. Cuando los parsis, guiados por este antiguo monoteísta derrocaron en Bactria al culto indo-ario de los Devas, Dioses de la naturaleza, para imponer su concepto de un Dios distante e inmenso totalmente apartado del mundo natural, los Devas fueron diabolizados, y se convirtieron en los malignos Daēvas de la religión zoroastriana, enemigos de los divinos Ahuras. Así, de ser una denominación que inspiraba reverencia, pasó a ser sinónimo de infamia. ¿Suena familiar?

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