I. El Diablo que no es Satán
“En el principio de la civilización, el hombre caza y combate; la mujer cuida el hogar, engendra hijos y sueña.
“Cuando regresan, heridos y cansados, la mujer alza los ojos al cielo y pide que se curen los que ella ama. Han nacido los Dioses.
“Cuando el hombre muere, la mujer maldice. Han nacido las brujas, y con ellas, su señor, el Diablo”.
-Esteban Maroto
Al Maestro Cornudo brujeril se le suele representar como un macho cabrio; esta frase –macho cabrio- es la única utilizada en México porque la palabra original, “cabrón”, que es utilizada sin reparo en España para el macho de la especie, aquí se ha convertido en un fuerte insulto, al grado de anular el significado original. Decir que, porque para ti “Diablo” es el espíritu maligno forzosamente significa que yo hablo de Satán al referirme a un Diablo, es lo mismo que un mexicano que afirma que todos los españoles se la pasan insultando a los pobres cabritos de las granjas ibéricas.
Por siglos se acusó a las brujas de rendir culto a Satanás; esto es totalmente falso; ha habido casos aislados de personas con tal impulso, y hay grupos Satanistas modernos, pero esos grupos nada tienen que ver con la Brujería de la que hablo. Encontramos en los registros inquisitoriales, y en las crónicas, una tendencia casi unánime a referirse a la Brujería como presidida por el Diablo. Sería ingenuo negar que los autores, invariablemente cristianos, tenían toda la intención de referirse a Satán como “Diablo”; y todo indica que muchos brujos de épocas pasadas rendían culto a una figura llamada Diablo –con la palabra correspondiente en su idioma, claro.
Muchos opinan que la palabra pudo ser para ellos sencillamente “la manera en que los cristianos llaman al Maestro”, y pudieron empezar a utilizarla. ¿Es difícil pensar esto? Imaginemos a una bruja del siglo XVII que ha rendido culto casi toda su vida al Maestro Cornudo del Sabbat; ella, como todos los demás brujos, se ve forzada a ir a misa, a participar en los ritos cristianos, para no ser descubierta como practicante de ritos clandestinos. En la Iglesia, escucha que hablan del “Diablo”, escucha que lo describen con cuernos de chivo, como el Maestro, y la gente dice que es al Diablo a quien las brujas adoran. Pues entonces, ella, que es bruja y rinde culto a un Maestro Cornudo que encaja con esa descripción, asume: el “Diablo” de quien hablan es su Maestro. Lo único que no comprende es por qué se empeñan en declararlo maligno, peligroso, y hostil, cuando ella lo ha conocido de manera muy distinta; si bien, tambien a ella la creen perversa por el mero hecho de ser bruja, por lo que ese criterio no le parece muy digno de tomarse en cuenta. En efecto, no me parece difícil que la palabra haya sido adoptada por los brujos.
Sin embargo, existe otra opción.
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