Nombres y palabras      
              Conceptos y elementos de Paganismo y Brujería   

 

 

De Witch a Wica a Wicca


(Con agradecimiento a Shadow Wolf y a Melissa Seims por sus aportaciones)

Cierto que no es el tema central de este Grimorio, pero es innegable que la Wicca ha influido de manera decisiva en el ámbito de la Brujería y el Paganismo, y luego de lo que se ha estado debatiendo aquí, creo que viene al caso repasar algunos puntos que no se tocan con frecuencia ni siquiera en foros wiccanos.

Charles G. Leland, autor de los primeros trabajos publicados acerca de la Stregoneria, utiliza la palabra Wicca en una ocasión, en una nota al pie de su libro acerca del folklore gitano; la utiliza dentro de su acepción original, como un término arcaico que designa a un individuo practicante de brujería. Ni siquiera sabemos que Gardner lo haya leído, pues no parece haber sido influido más que por la más famosa obra de Leland, Aradia, or the Gospel of the Witches; aun cuando el monumental Etruscan-Roman Remains in Popular Tradition es una fuente mucho más rica de brujería italiana (no me meto con los debates acerca de su legitimidad, sino que lo considero meramente como una fuente disponible en la época), quizá el enfoque era –como en cualquier forma de Brujería Tradicional, diría yo- demasiado simple y folklórico para llenar las expectativas de Gardner, con su formación ceremonialista, por lo que bien pudo conocer estas obras –después de todo no sólo era antropólogo sino lector insaciable- pero optar aun así por el material masónico, thelémico y salomónico que acabó por utilizar en su Ye Boke of ye Art Magical, prototipo del Liber Umbrarum o Libro de las Sombras Gardneriano.

En realidad, la palabra Wicca era bastante frecuente en los trabajos de estudio acerca de la Brujería, y no es necesario pensar siquiera que fue Leland quien inspiró su uso a Gardner.

Eric Patrick es el autor de "The Language of Witchcraft and Magic - A Study in Occult Semantics", artículo aparecido en el Vol. 1, Nº 1 (en Otoño de 1952) de Tomorrow, una revista esotérica norteamericana de 1950 de típico formato “pulp” (Patrick es, según Tomorrow, "un prominente lexicógrafo del inglés, autor de libros como A Dictionary of Slang and Unconventional English, Usage and Abusage: A Guide to Good English, y A Dictionary of the Underworld).

En dicho texto -que encontré por azar en una librería de usado y que, obsevemos, precede por dos años al primer libro escrito abiertamente por Gardner acerca de la Brujería, Wica o Wicca- se dice que "Witchcraft simplemente significa el oficio [craft] (Inglés Antiguo craeft, habilidad o astucia [cunning, ¡no me resisto a señalar la oportuna aplicación de esta palabra!]) de una bruja/o [witch], originalmente un hombre o mujer que practica magia, adivinación, necromancia i cosas similares, pero finalmente y a través del inglés moderno, aplicado a una mujer practicante. Witch se deriva del Inglés Medio wicche, que así fusiona el Inglés Antiguo wicce, una bruja femenina, y wicca, un brujo masculino".

La aparición de un texto semejante en una revista de formato y distribución comercial, pero con colaboradores con trayectoria y material de una calidad que deja en vergüenza a muchas publicaciones actuales de esta línea, deja pocas dudas de que la palabra Wicca como origen de Witch era bien conocida en esa época.

Esto lo comento, recordando la hipótesis que he oído muchas veces de que Gardner seguramente escribía “Wica” con una sola ‘c’ en lugar de “Wicca” porque era una palabra que había oído utilizar mas no había visto por escrito. Mientras que esto podría ser cierto quizá en un inicio, me parece muy difícil que una persona con un interés tan profundo en la Brujería, no diese con la palabra “Wicca” en algún artículo desde muy temprano en su investigación.

Que Gardner, aun consciente de la etimología de la palabra, optaba por el uso de “Wica” se infiere fácilmente a partir de sus obras.

Reproduzco a continuación algunas conclusiones preliminares de Melissa Seims en su investigación del asunto, la cual hará disponible en un artículo eventualmente una vez sea concluida:

“He estado investigando el uso de Wica y Wicca, y mientras que todavía tengo mucho que revisar he notado que Gardner principalmente usa Wica con una 'c'.

“Aquí hay una lista de las varias occurencias en sus propios libros:-

High Magics Aid (1949) - Wica = 0 Wicca = 0

Witchcraft Today (1954) - Wica = 3 Wicca = 0

The Meaning of Witchcraft (1959)- Wica = 17 Wicca = 5 (todos los casos siendo utilizados en una sección donde Gardner está hablando específicamente acerca de la etimología.

Gerald Gardner -Witch (1960), la biografía de Gardner's escrita por Idries Shah pero atribuida a Jack Bracelin. Wica = 21 Wicca = 0.

“Así que la preferencia de Gardner por Wica me parece bastante clara.

“Más que eso, tengo varios recortes de artículos en periódicos algunos de los cuales se remontan a los 1950's. Mientras que esta colección no está completa, no hay un solo incidente de Gardner utilizando Wicca. Usualmente se refiere a sí mismo como un brujo y hay un par de casos en los que clarifica esto un poco más, en un recorte dice 'hay hombres y mujeres brujos, cada uno es llamado un Wica'.

“Es interesante que los dos más grandes proponentes de Wica con una 'c' en los medios fueron Gerald Gardner y Alex Sanders, ambos preferencialmente parecen utilizar la forma con una 'c' de Wica. Gente como Doreen Valiente y Sybil Leek generalmente utilizaban la palabra 'bruja'.

“La imagen se vuelve confusa debido a la etimología, y también tienes  que sumar el factor de motivaciones políticas. Por ejemplo en ese tiempo, Charles Cardell estaba tratando de reclamar la palabra 'Wiccen'. Hablando en general, sin embargo, hasta mediados de los 1960's 'Wica' es generalmente usada en artículos periodísticos, luego 'Wicca' empieza a usarse más y más, con Alex Sanders todavía aferrándose con bastante firmeza a 'Wica' después de esta fecha”.

Las observaciones de Melissa dejan bien claro que la palabra Wicca como denominación de la religión brujeril reconstruccionista iniciada por Gardner es aun más tardía; alguien me ha dicho que el primer uso de la palabra Wicca en un libro se lo debemos a Scott Cunningham.

Doreen Valiente, quien estuvo ahí, y colaboró activamente en esa reconstrucción, dice al respecto en The Rebirth of Witchcraft, página 81, segundo párrafo: “Un neologismo que se ha difundido bastante es la aplicación de la palabra ‘Wicca’ para significar ‘brujería’. El hecho es que no significa nada semejante. Es una palabra en Inglés Antiguo que designa a un hechicero masculino, como cualquier buen diccionario lo indica. El valor de toda referencia a la práctica de la “Wicca tradicional” debe ser juzgado en consecuencia”.

El origen etimológico exacto de la palabra Wicca podremos debatirlo hasta el fin, pero –aun con una sola c- es Gardner el primero en atribuirla no a un brujo individual sino a un grupo –al referirse a “the Wica” o “los Wica”- y nadie más calificada que Doreen Valiente para decirnos qué tan aplicable es la palabra a una tradición en cuya forma definitiva ella tuvo participación directa. Ella definió la Rede –el precepto, no el poema-; ella rescribio el Libro de las Sombras a profundidad y dio su forma definitiva a los rituales (la Ley del Tres por lo menos no parece ser creación suya; solía lamentarse de la importancia que se le daba entre los norteamericanos a lo que probablemente fue una ocurrencia de Gardner durante alguna charla).

En México sobre todo hay una tendencia entre los wiccanos –que más bien serían neowiccanos, dirá yo- a despreciar a Gardner y a descartarlo como “aquel sadomasoquista masónico del látigo”. Pero invariablemente, estas personas ni siquiera se han molestado en leer los libros de Gardner, en conocer su tradición mínimamente. Y aun entonces, incluso si se toman la molesta de leer las distintas versiones del Libro de la Sombras, ¿alguien toma en cuenta que hay muchas cosas en el Gardnerianismo que son transmitidas de manera oral? ¿Cómo puede nadie zanjar la legitimidad o seriedad de una tradición de la que lo ignora casi todo? Por lo menos hay que averiguar lo averiguable, y formarse una opinión en lugar de repetir la crítica generalizada que corre de boca en boca sin que nadie se pregunte por qué.

Hace apenas unos días, alguien me decía que Gardner “no le parecía tan wiccano” lo que en mi opinión es como decir que Jesucristo no era muy cristiano (a lo que ya puedo ver a más de uno murmurando que en efecto, pero no nos desviemos del asunto). Él estructuró esta corriente –ya sea que haya aprendido o no de la Vieja Dorothy- y él le aplicó la palabra Wica, de la cual derivó el uso de Wicca.

Comparto la opinión de Lee “Red Oak” Johnson, quien distingue entre la Wicca, la concebida por Gardner, y la Neowicca o Wicca New Age, que es precisamente una religión New Age, y NO una religión de misterios, como lo es la Wicca original. Prescinde de los métodos, deidades, estructura, etc. De la Wicca original y crea una forma ecléctica con aquello que a cada uno mejor conviene. Pero si Gardner concibió Wicca, él debería ser el parámetro de referencia. Ahora la Wicca/religión New Age ha crecido desmesuradamente, y es una criatura –o criaturas- independientes de la original.

Philip Heselton logra algunas conclusiones interesantes a favor de que Gardner y Clutterbuck realmente hayan tenido contacto con alguna forma de Brujería tradicionalista en el New Forest; cierto que, como en todos los sucesos polémicos, la pieza de evidencia irrefutable todavía no aparece. También es cierto que Gardner abrevó en abundancia de las teorías de Margaret Murray. Pero, aunque Murray es muy admirada entre los entusiastas recién llegados a la Wicca, está tan desacreditada en el ámbito antropológico que en verdad es arriesgado para cualquier investigador el citarla en términos favorables; incluso alguien de la talla de Carlo Ginzburg ha sido criticado por decir que su tesis “encerraba, por lo menos, un núcleo de verdad”.

También es cierto, reconozcámoslo, que Ronald Hutton hizo trizas a Murray a partir de algunas opiniones de segunda y tercera mano (así creo que lo ha demostrado un defensor de Murray a lo largo de un interminable y excesivo debate con Hutton, si bien este crítico de Hutton comete muchos de los mismos errores que le reprocha), y más de una vez he visto que se repudia a Murray por atribuirle cosas que en realidad decían sus fans neopaganos, pero que no aparecen en su obra; sin embargo, sería ingenuo aceptar la tesis de Murray como auténtica, tanto como lo sería citar a Lewis Spence acerca de la Atlántida. Ejemplo que utilizo con toda intención, ya que Spence –quien apoyaba las ideas de Murray, por cierto- fue un valioso antropólogo y es autor de The Gods of Mexico, obra que a pesar de tener un siglo, es el tratado más completo y acertado que he leído a la fecha acerca de las deidades prehispánicas, pero que fue terriblemente desacreditado por su error de haber escrito un libro sobre Atlántida.

Así como ocurre con Spence, las teorías de Murray suelen ser abanderadas como evangelio por entusiastas neopaganos deslumbrados por su ciertamente atrayente escenario, o bien descartadas por completo por el escéptico recalcitrante. Con todas sus fallas, la labor de Murray es monumental, y merece ser revalorada con objetividad; aun si su tesis en sí es insostenible, su recopilación es valiosa como una fuente bibliográfica, claro, siempre en balance con otras perspectivas y fuentes. Más de un investigador actual empieza a reconocer que Murray dio con varios indicios acertados, aun si su reconstrucción global fue excesiva debido a una falta de espíritu crítico.

¿Por qué digo todo esto? Hace años, cuando empecé a interesarme en la Brujería, lo hice a través de la Wicca. Y ahora, una década después, puedo decir que si alguien se hubiera molestado en decirme al menos unas pocas versiones alternativas al cúmulo de desinformación que los libros disponibles (Cunningham et al) me hicieron tragarme, habría avanzado mucho más rápido en esto.

Permitir y difundir desinformación como que la Wicca es una religión milenaria, que millones de brujos murieron en la inquisición, que la Rede es una enseñanza ancestral, que las cosas se regresan multiplicadas por tres, es ayudar a que siga proliferando una seudowicca tan cargada de falsedades que cualquiera de sus adeptos, al darse cuenta eventualmente de que tantas y tantas cosas que daba por ciertas y que se dedicó a defender por años son erróneas, puede decepcionarse tanto que abandonará el Paganismo por completo sintiéndose victima de un fraude.

Al expresar las versiones más sólidas, y no sólo las populares, no estoy atacando a los wiccanos; la Wicca se puede apoyar con firmeza en hechos y no en fábulas. De otro modo seguirán proliferando personas como Verónica Hernández con su enseñanza de que “la Wicca es lo que practicaban los druidas hace doce mil años”. Y puedo no ser wiccano, y no estar de acuerdo con sus doctrinas, pero no dejo de reconocer que el legado de Gardner es mucho más que la proliferación de penosas malinterpretaciones newageras que muchas veces tendemos a englobar bajo la etiqueta de "Wicca".

Dice Shadow Wolf, fundador de la tradición Moonstone Strega, wiccano a quien cito como muestra de imparcialidad, ya que me parece que dice cosas muy ciertas (aun si no comparto su énfasis wiccano que hace en "la Diosa" y el Neopaganismo):

"No estoy de acuerdo con Isaac Bonewits, quien dice que la palabra Bruja morirá en unos 100 y la palabra Wicca será utilizada; y nunca miraría a un Gardneriano y le diría que no son brujos. Son los brujos que trajeron de regreso la Brujería; sin Gardner no tendríamos Neopaganismo, y punto. Él reencendió la llama, la Brujería estaba casi muerta en su época, y las líneas se habían interrumpido; interrumpido en el sentido de que no eran un culto organizado practicando Brujería. Sin embargo, las prácticas no se han interrumpido; siempre ha habido prácticas brujeriles sin interrupción -pero no de manera religiosa. Las brujas marchan con la religión actual, no les importa si la Diosa es llamada Diana o María, o Janet, ella es la Diosa de todas formas.

"La Brujería es una religión folklórica en evolución; todo aquello que es folklore o tradición oral no puede permanecer fijo, y cambiará. La tradición oral JAMÁS se quedará igual, jamás; no puede, no ha sido puesta por escrito. E incluso hoy, si es escrita, continúa cambiando en la práctica".

Gardner creó un sistema, pero lo que en verdad cuenta es lo que cada persona haga con él, hasta dónde llegue aplicándolo. Si ese destino es en la misma senda, o es pasar a otra cosa como lo hemos hecho quienes hemos cuando menos bordeado la Wicca por su versión neowiccana –como yo mismo lo hice al inicio-, lo importante es que nos ha encaminado hacia donde nos corresponde. El que esa Wicca no refleje realmente las creencias y prácticas tradicionales de los brujos británicos que la precedieron no debería preocupar a los wiccanos –a menos que lo que busquen sea precisamente eso, y no lo que les ofrece la Wicca. Sin embargo, conocer la verdad acerca de su senda me parece lo mínimo que cualquiera puede hacer, aun si esa verdad no siempre es lo que quisiéramos. Y eso va también por los brujos tradicionales de cualquier vertiente.

 

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